Inteligencia emocional y mindfulness en Sabadell y online. Josep Guasch, consulta de psicoterapia y coaching. Cursos y formaciones para gestionar las emociones.

Combinar ambas disciplinas optimiza el crecimiento personal
Inteligencia emocional y mindfulness son dos disciplinas diferentes que pueden complementarse de una forma especialmente útil. Ambas ayudan a mejorar nuestra relación con las emociones, aunque parten de perspectivas distintas.
Mindfulness aporta, sobre todo, una manera de observar nuestra experiencia interna. Nos ayuda a reconocer sensaciones, pensamientos, emociones e impulsos sin reaccionar inmediatamente.
La inteligencia emocional aporta un marco adicional. Permite comprender las emociones, interpretar su información y elegir respuestas más adecuadas.
Esta relación entre ambas disciplinas también ha recibido atención académica. Una revisión propone integrar mindfulness dentro del marco de la inteligencia emocional.[1] Sus autores diferencian dos aportaciones complementarias. La inteligencia emocional estudia cómo procesamos la información emocional. Mindfulness modifica nuestra forma de relacionarnos con esa experiencia.[1]
Otras revisiones han estudiado específicamente las semejanzas, diferencias y posibles relaciones entre ambas disciplinas.[2] Por tanto, podemos resumir su complementariedad mediante una idea sencilla:
Mindfulness ayuda a observar la emoción con mayor claridad. La inteligencia emocional ayuda a comprender su significado y decidir qué hacer después. Esta integración no pretende eliminar las emociones incómodas como pudieran ser rabia, miedo, tristeza o culpa.
Tampoco busca convertir cualquier emoción incómoda en una experiencia agradable.
Su objetivo es desarrollar suficiente conciencia para que las emociones puedan informarnos sin gobernar automáticamente nuestra conducta.
Qué son la inteligencia emocional y el mindfulness
Antes de estudiar la relación entre inteligencia emocional y mindfulness, conviene diferenciar claramente ambos conceptos. Comparten determinados puntos, pero no son disciplinas equivalentes. Tampoco persiguen exactamente los mismos objetivos.
Mindfulness se centra especialmente en nuestra relación con la experiencia presente. La inteligencia emocional incorpora reconocimiento, comprensión y regulación de las emociones. Esta distinción permite evitar dos errores frecuentes:
– El primero consiste en pensar que observar una emoción equivale a comprenderla completamente.
– El segundo supone creer que comprender el mensaje de una emoción obliga a seguir su impulso.
Por el contrario, una integración adecuada combina observación, comprensión y elección consciente.
La literatura científica también ha estudiado esta complementariedad. Una revisión sistemática de 2024 analizó conjuntamente mindfulness e inteligencia emocional en población adolescente.[3] Esto refleja una relación relevante entre estas áreas.
Qué es mindfulness o atención plena
Mindfulness, o atención plena, consiste en prestar atención deliberadamente a lo que ocurre en el momento presente. Esa observación procura mantener una actitud de apertura y reducir las respuestas automáticas.
La atención puede dirigirse hacia la respiración, las sensaciones corporales, los pensamientos, las emociones o los sonidos. Sin embargo, su propósito no consiste necesariamente en relajarnos. Tampoco busca eliminar las emociones desagradables. Más bien, intenta ayudarnos a percibir claramente lo que sucede sin responder automáticamente.
Una revisión académica sobre esta disciplina destaca varios componentes característicos. Entre ellos aparecen conciencia, aceptación, apertura y ausencia de juicio.[2]
Por ejemplo, podemos pasar directamente desde “siento rabia” hasta “grito”. Sin embargo, mindfulness permite introducir un espacio entre ambos momentos. Podemos observar: “Hay rabia. Noto calor, tensión, pensamientos de injusticia y ganas de reaccionar”. Ese pequeño espacio puede modificar nuestra respuesta posterior. No elimina necesariamente la emoción. En cambio, puede permitirnos observarla antes de actuar.
Qué es la inteligencia emocional
La inteligencia emocional puede entenderse como la capacidad de reconocer, comprender y regular las emociones propias.
– Incluye identificar correctamente qué sentimos y explorar qué puede haber provocado esa emoción.
– También implica descubrir qué información contiene y distinguirla de nuestros pensamientos e impulsos.
– Además, permite buscar maneras adecuadas de expresar lo que sentimos.
En su dimensión interpersonal, también facilita reconocer y comprender emociones de otras personas. Es lo que conocemos como empatía.
La inteligencia emocional no necesita clasificar las emociones simplemente como buenas o malas. Incluso una emoción incómoda puede contener información relevante para nuestras decisiones. El problema aparece cuando interpretamos incorrectamente esa información. También surge cuando seguimos automáticamente el impulso asociado.
Por ello, inteligencia emocional y mindfulness pueden desempeñar funciones complementarias:
La primera facilita observar la experiencia presente. Mientras que la inteligencia emocional permite procesar la información y valorar nuestra respuesta. Esta complementariedad aparece también en investigaciones recientes sobre entrenamiento en atención plena e inteligencia emocional.[4]
Cómo interactúan ambas disciplinas
La conexión entre ambas disciplinas resulta bastante natural. Cada una puede intervenir en diferentes momentos de un mismo proceso emocional.
Mindfulness puede ayudarnos a detectar una emoción cuando todavía está comenzando. Quizá percibamos cambios en la respiración, tensión muscular, calor, presión corporal o aceleración mental.
Después, la inteligencia emocional puede ayudarnos a interpretar esas señales. Podemos reconocer que estamos sintiendo miedo, rabia, tristeza, culpa u otra emoción.
Además, la atención plena permite distinguir cuatro elementos relacionados:
Emoción → pensamientos asociados → impulso → conducta. Por ejemplo:
Rabia → “No me respeta” → ganas de atacar → insultar.
Estos cuatro elementos pueden aparecer encadenados, pero no son lo mismo. Es cierto que se influencian mutuamente y en la práctica cuesta detectar estas distinciones. Sin embargo, reconocer esa diferencia aumenta nuestro margen para elegir. La buena noticia es que esta capacidad puede entrenarse.
Entonces aparece una pregunta fundamental: “¿Cuál sería una respuesta adecuada al mensaje de esta emoción?”. La respuesta podría consistir en poner un límite, esperar o pedir una aclaración. También podría ser necesario abandonar temporalmente una situación.
Así, inteligencia emocional y mindfulness pueden participar en una secuencia que conduce desde la percepción hasta la acción consciente.
Puntos de conexión entre mindfulness y gestión emocional
Uno de los principales puntos de conexión es la conciencia emocional. Resulta difícil gestionar adecuadamente una emoción que apenas percibimos.
– Mindfulness puede aumentar nuestra sensibilidad hacia determinadas señales emocionales.
– Después, la inteligencia emocional ayuda a identificar, comprender y contextualizar esas señales.
Otro punto compartido es la regulación emocional:

Las claves de inteligencia emocional y mindfulness
Una revisión sistemática de 60 estudios analizó específicamente la relación entre atención plena y regulación emocional.[5] Los estudios revisados asociaron mindfulness con estrategias adaptativas de regulación emocional. Sin embargo, los autores también señalaron limitaciones y necesidades de investigación.[5] De todos modos es importante destacar que ningún estudio científico puede sustituir la experiencia personal. En mi práctica personal como psicoterapeuta y meditador he observado avances notables. Tanto en mí como en consultantes y conocidos.
Otro punto de conexión aparece en las relaciones interpersonales.
Observar nuestro mundo emocional puede ayudarnos a reconocer determinadas reacciones antes de responder a otra persona. Alguien puede advertir: “Me estoy poniendo a la defensiva”. Ese reconocimiento crea una oportunidad para escuchar antes de responder.
La integración entre inteligencia emocional y mindfulness puede favorecer así una gestión emocional más consciente y flexible. Sin embargo, observar mejor una emoción no garantiza automáticamente una interpretación correcta.
Diferencias que conviene tener presentes
Aunque ambas disciplinas se complementan, conviene mantener algunas diferencias:
- En primer lugar, mindfulness no sustituye al análisis emocional. Observar claramente una emoción no siempre explica por qué ha aparecido. Tampoco determina automáticamente qué debemos hacer. Podemos observar miedo con mucha precisión. Sin embargo, todavía necesitamos preguntarnos: “¿Existe realmente un peligro?”.
En segundo lugar, comprender una emoción no significa obedecerla. Toda emoción merece ser escuchada. Sin embargo, no todo impulso emocional debe convertirse en conducta: - La rabia puede indicar que necesitamos proteger un límite. Eso no significa que debamos atacar:
- El miedo puede advertirnos de un riesgo. Tampoco significa necesariamente que debamos huir.
- Además, aceptar una emoción no significa resignarse. Podemos reconocer plenamente nuestra rabia y decidir establecer un límite firme.
- Finalmente, mindfulness no debería utilizarse como una forma de evitación emocional. Respirar para no afrontar un conflicto necesario puede convertirse en otra manera de posponerlo.
Una secuencia más completa sería:
Observar → comprender → elegir → actuar cuando resulte necesario.
Beneficios y sinergias de una práctica conjunta
Cuando se integran adecuadamente, inteligencia emocional y mindfulness pueden formar una secuencia especialmente útil. Esta secuencia puede expresarse así:
Percibir → reconocer → permitir → comprender → regular → decidir → actuar.
En primer lugar, la combinación puede favorecer una mayor precisión emocional. En vez de pensar “estoy mal”, podemos identificar tristeza, decepción y cierto miedo ante el futuro. Esa precisión facilita distinguir experiencias que quizá necesiten respuestas diferentes.
Otro beneficio potencial consiste en reducir la reacción impulsiva. Aparece un intervalo entre sentir una emoción y convertir inmediatamente su impulso en conducta.
También podemos aprender que las emociones cambian con el tiempo. Pueden aumentar, disminuir y manifestarse de maneras diferentes en nuestro cuerpo.
La investigación disponible resulta prometedora, pero conviene interpretarla con prudencia. Un meta-análisis sobre programas escolares de mindfulness en España encontró mejoras en diferentes dimensiones psicológicas y educativas. Entre las dimensiones estudiadas se encontraba la inteligencia emocional.[6]
Cuatro ejercicios para gestionar emociones
Los siguientes ejercicios combinan inteligencia emocional y mindfulness mediante cuatro modalidades diferentes de práctica. Cada ejemplo se aplica a una emoción concreta para facilitar su comprensión. Sin embargo, estas prácticas no están vinculadas exclusivamente con esas emociones. Esta precisión resulta importante:
– La atención corporal utilizada con la rabia también puede aplicarse al miedo, tristeza o culpa.
– La práctica RAIN puede utilizarse igualmente con otras experiencias emocionales.
– Asimismo, la autocompasión puede incorporarse cuando aparecen miedo, tristeza o rabia.
Por tanto, la distribución siguiente pretende mostrar diferentes posibilidades. No establece una correspondencia rígida entre una emoción determinada y una técnica concreta. La elección dependerá de la persona, situación e intensidad emocional. También deberá considerar qué práctica resulta adecuada en ese momento.
Quiero también destacar que cito estas prácticas a título orientativo. No suplen, en ningún caso, a una intervención psicoterapéutica.
Rabia: mindfulness del cuerpo y del impulso
Desde la inteligencia emocional, la rabia puede aparecer cuando percibimos injusticia, frustración o invasión de nuestros límites. También puede surgir ante obstáculos importantes, desprecio o amenazas hacia nosotros. Por tanto, la rabia puede contener información que merece ser examinada.
Manifestación creativa
Bien canalizada, puede transformarse en firmeza, defensa de límites, asertividad o energía para cambiar una situación.
Manifestación distorsionada
Puede convertirse en agresividad, insultos, hostilidad, deseo de castigo o reacciones desproporcionadas.
También existe una distorsión contraria. Podemos prohibirnos sentir rabia y acumular resentimiento. Alerto especialmente sobre esta posibilidad que puede provocar diferentes efectos. Desde una sensación de «estar al límite» o resentimiento continuado hasta, incluso, depresión. No obstante, no siempre se puede establecer una relación causa-efecto entre rabia no expresada y alguna manifestación en concreto.
Ejercicio: localizar la energía antes de actuar
Primero, detente físicamente cuando las circunstancias permitan hacerlo. No intentes resolver inmediatamente el conflicto.
Después, dirige la atención hacia tu cuerpo. Observa mandíbula, pecho, abdomen, manos, rostro y respiración. Describe sensaciones, no historias. Sustituye “es un idiota” por “noto calor, tensión y respiración rápida”.
Después, observa el impulso. Completa mentalmente: “Mi cuerpo quiere…”. Quizá aparezcan ganas de gritar, marcharte o contestar. No necesitas ejecutar ese impulso.
Pregunta: “¿Qué límite, necesidad o valor parece estar defendiendo esta rabia?”.
Después distingue hechos y suposiciones. Al describir hechos procura hacerlo en término puramente descriptivos. Por ejemplo: “me dijo que debía rehacer el informe para concretar algunos datos más específicamente”. Esto es literalmente lo que dijo. La suposición puede ser: “me menosprecia como profesional”, “me ha humillado al decírmelo ante los compañeros” etc. Esto no quiere decir, necesariamente, que las suposiciones sean falsas…. Ni verdaderas. Simplemente, diferenciar hechos de suposiciones pues estas últimas son interpretaciones personales.
Por último, busca la forma más firme y menos destructiva de proteger ese límite.
Miedo: respiración consciente y orientación al presente
El miedo constituye fundamentalmente un sistema de protección. Puede advertirnos sobre peligro, incertidumbre, vulnerabilidad o una posible pérdida. También puede aparecer cuando creemos no disponer de recursos suficientes.
Manifestación creativa
Bien utilizado, puede favorecer prudencia, preparación, prevención, anticipación razonable y búsqueda de ayuda.
Manifestación distorsionada
Puede convertirse en evitación constante, catastrofismo, hipervigilancia o parálisis. También puede hacer que percibamos peligro donde apenas existe.
Ejercicio: aquí, ahora y después decido
– Primero, reconoce directamente la emoción. Puedes decir mentalmente: “Hay miedo”. Nombrar, específicamente, la emoción regula la respuesta de la amígdala cerebral (cuerpo amigdalino).
Este es el llamado “etiquetado afectivo”. Puedes, si lo deseas, ampliar este concepto y descubrir por qué funciona en el siguiente artículo: “cómo regular las emociones con palabras”
– Después, observa tres ciclos respiratorios sin intentar modificarlos. Nota la inspiración, la transición y la espiración.
– A continuación oriéntate conscientemente hacia el presente:
o Observa tres cosas que ves.
o Después identifica tres sonidos.
o Y ahora tres puntos de contacto corporal
– Ahora formula una pregunta emocional: “¿De qué intenta protegerme este miedo?”.
– Después, comprueba la realidad. Distingue entre peligro real, posibilidad e imaginación.
– Finalmente, pregunta: “Si utilizara el miedo como información, pero no como jefe, ¿qué haría?”.
Quizá necesites prepararte mejor, pedir ayuda o afrontar gradualmente aquello que estás evitando.
Tristeza: observación abierta y práctica RAIN
La tristeza suele relacionarse con pérdidas, decepciones, separaciones, fracasos o renuncias. También puede señalar una necesidad de cuidado, descanso o recogimiento.
Manifestación creativa
Puede favorecer aceptación, introspección, sensibilidad, búsqueda de apoyo y reorganización de prioridades.
Manifestación distorsionada
Puede convertirse en rumiación, aislamiento extremo o interpretaciones desesperanzadas sobre el futuro.
Para trabajar esta emoción podemos utilizar una adaptación de la práctica RAIN. Sus formulaciones pueden variar según el enfoque utilizado. Aquí emplearemos cuatro pasos: reconocer, aceptar, investigar y no identificarse completamente.
R — Reconocer
Pon nombre a la experiencia: “Esto es tristeza”. Quizá también aparezcan soledad, decepción o nostalgia.
A — Aceptar o permitir
Durante unos minutos, deja de exigir que la emoción desaparezca. Permitir no significa quererla ni resignarse.
I — Investigar
Observa dónde sientes la tristeza. Pregunta qué pérdida puede estar señalando y qué necesitas ahora.
N — No identificarse completamente
Recuerda: “Estoy experimentando tristeza. Yo no soy únicamente esta tristeza”.
Finalmente, pregunta qué necesita aceptación y qué necesita todavía una acción. Hay pérdidas que requieren duelo. Otras situaciones todavía pueden repararse.
Culpa: autocompasión, responsabilidad y valores
En esta emoción conviene diferenciar culpa y vergüenza.
– La culpa puede formularse así: “He hecho algo que considero incorrecto”.
– La vergüenza puede adoptar otra forma: “Yo soy incorrecto, defectuoso o indigno”.
Observa que es muy distinto hacer que ser.
La culpa puede ser útil cuando conduce hacia la responsabilidad y reparación. Sin embargo, puede volverse destructiva cuando se transforma en autocastigo permanente. Puede indicarnos que hemos causado daño o incumplido un compromiso. También puede señalar una conducta contraria a nuestros valores.
También puede existir una culpa injustificada. Cuando nos responsabilizamos de acontecimientos que escapaban realmente a nuestro control. O incluso culpa por sentir enfado, orgullo, ambición, cuando pudieran ser emociones perfectamente legítimas.
Puedes ver este artículo para ampliar este concepto:
Guía para la gestión emocional en mujeres: libera tus emociones
Ejercicio: reconocer, tratarse humanamente y reparar
– Primero, observa la respiración y las sensaciones corporales.
– Después reconoce: “Estoy experimentando culpa”.
– Introduce entonces una actitud autocompasiva. Puedes decir: “Puedo reconocer lo ocurrido sin maltratarme por hacerlo”.
La autocompasión no pretende absolver automáticamente nuestra conducta. Su función aquí consiste en facilitar una observación estable de lo ocurrido.
Después formula cuatro preguntas:
– ¿Qué hice concretamente?
– ¿Qué daño real produjo?
– ¿Lo que hice, estaba bajo mi responsabilidad?
– ¿Qué valor mío fue vulnerado?
Finalmente, distingue reparación de castigo. Una disculpa, una reparación o un cambio de conducta pueden resultar necesarios. La secuencia puede resumirse así:
Error → conciencia → responsabilidad → reparación → aprendizaje.
Una estructura común para trabajar cualquier emoción

La estructura de fondo para regular emociones.
Los cuatro ejercicios utilizan técnicas diferentes. Sin embargo, debajo de ellos existe una arquitectura común. Esta estructura permite integrar inteligencia emocional y mindfulness sin confundir sus respectivas funciones.
1. Parar. Evita reaccionar inmediatamente cuando las circunstancias permitan introducir una pausa.
2. Sentir. Observa cómo aparece la emoción en el cuerpo y en la mente.
3. Nombrar. Identifica si aparece rabia, miedo, tristeza, culpa u otra experiencia.
4. Permitir. No luches automáticamente contra la existencia de esa emoción.
5. Escuchar. Pregunta: “¿De qué intenta avisarme?”.
6. Verificar. Comprueba si tu interpretación corresponde razonablemente con los hechos disponibles.
7. Elegir. Busca una respuesta útil y coherente con tus valores.
8. Actuar. Convierte la información emocional en una conducta proporcionada.
Mindfulness participa especialmente en la observación, atención y relación con la experiencia. La inteligencia emocional añade identificación, comprensión, regulación y elección.
No obstante, esta división es orientativa. En la práctica, ambos procesos pueden solaparse y retroalimentarse.
Preguntas frecuentes sobre inteligencia emocional y mindfulness
Combinar inteligencia emocional y mindfulness puede generar algunas dudas sobre sus objetivos, diferencias y aplicaciones prácticas.
Ambas disciplinas favorecen la conciencia emocional. Y, tal y como hemos visto, cada una aporta herramientas distintas para relacionarnos con nuestra experiencia interna.
Esta complementariedad resulta especialmente interesante para desarrollar autoconocimiento, autorregulación y gestión emocional ante situaciones difíciles.
Las siguientes preguntas frecuentes permiten comprender mejor cómo integrar atención consciente, regulación emocional y comprensión de las emociones en la vida cotidiana.
¿Qué relación existe entre inteligencia emocional y mindfulness?
Ambas disciplinas pueden complementarse dentro de la gestión emocional. Mindfulness favorece la observación de la experiencia presente. La inteligencia emocional añade reconocimiento, comprensión y regulación.
La literatura académica ha estudiado expresamente la posibilidad de integrar ambos enfoques.[1][2]
¿Mindfulness puede ayudar a regular las emociones?
La investigación ha encontrado asociaciones entre mindfulness y estrategias adaptativas de regulación emocional.[5] Sin embargo, los resultados dependen del contexto y metodología. Por ello, no debe interpretarse como una garantía individual.
¿La inteligencia emocional sirve para controlar las emociones?
Resulta más preciso hablar de regulación emocional. Las emociones no siempre aparecen voluntariamente. Podemos aprender a reconocerlas y elegir nuestra respuesta. Regular tampoco significa necesariamente hacer desaparecer una emoción.
¿Mindfulness sirve para eliminar pensamientos o emociones negativas?
Ese no es su objetivo principal. Mindfulness busca modificar nuestra relación con la experiencia presente. Una emoción incómoda puede continuar existiendo mientras aprendemos a observarla con menor reactividad.
¿Qué emociones pueden trabajarse mediante estas prácticas?
Los principios descritos pueden aplicarse a numerosas experiencias emocionales. Este artículo utiliza rabia, miedo, tristeza y culpa como ejemplos. Ninguna técnica queda vinculada exclusivamente con una emoción.
¿Qué diferencia existe entre aceptar una emoción y resignarse?
Aceptar significa reconocer que una experiencia está presente. Resignarse implica renunciar necesariamente a cambiar una situación. Podemos aceptar nuestra rabia y, simultáneamente, establecer un límite.
¿Cómo puedo empezar a combinar inteligencia emocional y minfuldness?
Puedes comenzar parando, observando y nombrando la emoción. Después, investiga qué puede estar comunicando. Comprueba tu interpretación y elige una respuesta proporcionada. La práctica convierte así la observación en una posible acción consciente.
Inteligencia emocional y mindfulness. Conclusión
Una integración adecuada de inteligencia emocional y mindfulness no persigue dejar de sentir emociones difíciles. Su finalidad consiste en relacionarnos con ellas de una manera más consciente.
Mindfulness puede ayudarnos a detectar una emoción, observarla y crear espacio antes de reaccionar. La inteligencia emocional permite comprender mejor su información y valorar qué respuesta puede resultar adecuada.
La investigación disponible respalda el interés científico por la relación entre mindfulness, inteligencia emocional y regulación emocional.[1][3][5] También existen resultados recientes procedentes de intervenciones y contextos educativos.[4][6]
Quiero destacar que la experiencia emocional no constituye una fuente infalible de información:
– El miedo puede señalar un peligro real o una amenaza imaginada.
– La culpa puede indicar responsabilidad o proceder de exigencias desproporcionadas.
Por eso necesitamos escuchar la emoción y comprobar después nuestra interpretación.
Rabia, miedo, tristeza y culpa pueden contener información relevante. Sin embargo, ninguna obliga automáticamente a realizar la conducta que impulsa.
El objetivo final no consiste en dejar de sentir. Consiste en sentir con suficiente conciencia para que nuestras emociones puedan informarnos sin gobernarnos automáticamente.
¿Quieres aprender a relacionarte de otra manera con tus emociones?

Puedes elegir qué camino tomar.
Comprender lo que sentimos es importante. Sin embargo, llevar esa comprensión a nuestra vida cotidiana puede requerir un trabajo más personal. Si quieres mejorar tu gestión emocional, comprender mejor tus reacciones o desarrollar nuevas formas de afrontar situaciones difíciles, podemos trabajarlo juntos.
En mi consulta integro psicoterapia, coaching y mindfulness para acompañar procesos de cambio adaptados a cada persona y sus circunstancias.
Puedes realizar las sesiones online o presencialmente en Sabadell:
Josep Guasch, psicoterapia y coaching
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Anteriores artículos relacionados: Principios básicos y prácticos del mindfulness en tu día a día; ¿Sientes que vas a explotar? La verdad oculta sobre las emociones reprimidas Por qué la positividad tóxica daña tu salud emocional (y cómo evitarla)
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Notas y referencias
[1] Ramos, N. S. y Hernández, S. M. (2020). Inteligencia emocional y mindfulness; hacia un concepto integrado de la inteligencia emocional. Revista de la Facultad de Trabajo Social, 24(24), 134-146. Universidad Pontificia Bolivariana. El artículo aborda expresamente la integración de mindfulness dentro del marco de la inteligencia emocional.
[2] Gómez-Díaz, M., Delgado-Gómez, M. S. y Gómez-Sánchez, R. Mindfulness e Inteligencia Emocional: Semejanzas y Diferencias. Revista de Psicología de la Salud. DOI: 10.21134/pssa.v3i1.685. Revisión dedicada a las semejanzas, diferencias e integración de ambos constructos.
[3] Galván-Soto, A. M. et al. (2024). Mindfulness e Inteligencia Emocional en adolescentes: Revisión sistemática. Salud, 40(1). DOI: 10.14482/sun.40.01.612.856. Revisión sistemática que analiza conjuntamente mindfulness, inteligencia y regulación emocional.
[4] Exploring the impact of mindfulness training on enhancing critical thinking and emotional intelligence. Revista de Psicodidáctica, 31(1), 2026, 500178. DOI: 10.1016/j.psicod.2025.500178. Estudio experimental controlado sobre entrenamiento en mindfulness e inteligencia emocional.
[5] Peixoto, L. S. A. y Gondim, S. M. G. (2020). Mindfulness y regulación emocional: una revisión sistemática de la literatura. SMAD, Revista Eletrônica Saúde Mental Álcool e Drogas. DOI: 10.11606/issn.1806-6976.smad.2020.168328. Revisión sistemática de 60 artículos sobre atención plena y regulación emocional.
[6] Meta-análisis multinivel de los programas escolares de intervención basados en mindfulness en España. Revista de Psicodidáctica. Meta-análisis de intervenciones españolas que estudia diferentes resultados, incluida la inteligencia emocional.
Inteligencia emocional y mindfulness en Sabadell y online. Josep Guasch, consulta de psicoterapia y coaching. Cursos y formaciones para gestionar las emociones.



