Mandatos del patriarcado hacia el hombre: Impacto en la salud mental y emocional. Consulta de psicoterapia y coaching en Sabadell y online.

Formas estereotipadas de expresarse y aparecer como hombre
La cultura hegemónica impone una serie de exigencias a los hombres que configuran nuestra identidad, comportamiento y relaciones sociales. Estos mandatos nos otorgan privilegios sobre las mujeres y otras identidades de género. Pero también nos limitan, generando tensiones y contradicciones internas. Aquí describo 20 mandatos básicos del patriarcado impuestos a los hombres, junto con una explicación sobre su impacto:
1. Debes ser fuerte (física y emocionalmente), no muestres debilidad.
Desde la infancia, los hombres son educados para ocultar el dolor, la vulnerabilidad y la sensibilidad. Esto es así porque expresar emociones es visto como «femenino» y, por lo tanto, indeseable. Por lo tanto, emociones como tristeza, vulnerabilidad y miedo se consideran un signo de debilidad. Este mandato del patriarcado propicia que muchos hombres no encuentren espacios seguros para expresar sus emociones.
Esta represión dificulta la capacidad de los hombres para desarrollar inteligencia emocional y pedir ayuda cuando la necesitan. Como resultado, se incrementan problemas como la depresión, la ansiedad y la tendencia al suicidio.
2. No debemos llorar ni mostrar debilidad.
El llanto está asociado a la feminidad. Por esto se nos exige que reprimamos nuestras emociones, especialmente la tristeza y el llanto. Frases como «los hombres no lloran» refuerzan la idea de que mostrar tristeza o fragilidad es un signo de inferioridad. Esta presión para reprimir el llanto afecta nuestra salud mental y emocional. Como resultado enfrentamos el dolor en soledad o bien buscamos salidas menos saludables, como la violencia, abuso de sustancias, etc.
3.- No debemos tener amigos con los que podamos hablar de nuestras emociones.
Estas emociones reprimidas afectan al vínculo con nuestras amistades. Las amistades masculinas suelen estar basadas en actividades compartidas (videojuegos, deportes, trabajo…). La expresión emocional, en el mejor de los casos se ignora cuando no se desprecia. Hablar de nuestros problemas personales con otros hombres se asocia a debilidad. Como resultado, muchos hombres carecen de redes de apoyo emocional y se sienten solos incluso cuando tienen amigos cercanos.
4. Debes ser el proveedor económico.
El patriarcado establece nuestro valor por el éxito económico. Y de este deriva la capacidad de mantener a nuestra familia.
Esto nos genera una fuerte presión para desempeñar roles laborales exigentes. De tal modo que dejamos de priorizar nuestro bienestar personal y trabajos más satisfactorios aun cuando sean menos lucrativos. En tiempos de crisis económicas, muchos hombres sentimos que nuestra identidad se ve amenazada si no cumplimos con este mandato.
5. Muéstrate dominante y líder.
Se espera que tomemos la iniciativa en todos los aspectos: trabajo, pareja, familia. La cultura patriarcal, en primer lugar premia la agresividad y la competencia. Para, en segundo lugar, desvalorizar la cooperación y el diálogo. Esto contribuye a la perpetuación de estructuras jerárquicas en las que buscamos imponer nuestra voluntad. Este es el origen de desigualdades en las relaciones personales y profesionales.
6. Legitima el uso de la violencia como medio para solventar diferencias o problemas.
Desde temprana edad, hemos sido socializados para usar la violencia como forma de hacernos valer o defender nuestro honor. En muchos contextos, el uso de la violencia es visto como una demostración de masculinidad. Esta normalización de la violencia contribuye a la perpetuación de agresiones en el ámbito doméstico, escolar y laboral. Además fomenta la violencia entre hombres, como en pandillas o conflictos bélicos.
7. Debes ser heterosexual y demostrarlo constantemente.
El patriarcado impone la heterosexualidad como norma obligatoria. Además desacredita cualquier orientación o expresión de género que se desvíe de ella. Se exige a los hombres demostrar constantemente su virilidad mediante conquistas amorosas y actitudes hipermasculinas. Esto oprime a los hombres homosexuales y bisexuales. Pero también limita la posibilidad de que expresemos afecto por otros sin temor a ser cuestionados.
8. Debes ser sexualmente activo y conquistar mujeres.
Se espera que busquemos constantemente experiencias sexuales. Además nuestro valor se mide en función de nuestra capacidad de conquistar mujeres. Este mandato refuerza la creencia de que ser hombre está ligado al desempeño sexual. Esto puede generar ansiedad, problemas de autoestima y una visión de las relaciones basada en la conquista y el dominio, en lugar del respeto y la reciprocidad.
9. No debes realizar tareas domésticas o de cuidado.
El patriarcado define el hogar y la crianza de los hijos como responsabilidades femeninas. Cuando los hombres se involucran en estas tareas, a menudo se les felicita de manera exagerada. Evidenciando que aún se considera excepcional que un hombre participe en el cuidado del hogar. Este mandato perpetúa la carga desigual del trabajo doméstico. Además limita nuestra capacidad para desarrollar vínculos afectivos más profundos con sus hijos y parejas.
10. Debes competir con otros hombres y evitar la cooperación.
La masculinidad patriarcal está basada en la competencia constante: en la vida social, deporte, trabajo… Debemos demostrar que son más fuertes, más inteligentes o más exitosos que otros. Esta competencia impide el desarrollo de relaciones masculinas basadas en la empatía y la solidaridad. Promoviendo en su lugar dinámicas de rivalidad y aislamiento.
11. No puedes expresar tu estética libremente.
La masculinidad patriarcal impone restricciones a la manera en que los hombres pueden vestirse, arreglarse o presentarse. Cualquier elección estética que se desvíe de la norma masculina tradicional puede ser motivo de burla o exclusión social. Desde usar colores considerados femeninos a cuidar demasiado nuestra apariencia. Esto limita la expresión personal y refuerza una visión rígida de lo que significa «ser hombre».
12. Debes ser independiente y autosuficiente.
Promueve la idea de que pedir ayuda es señal de debilidad. Se nos exige resolver nuestros problemas solos, sin apoyo (especialmente emocional) de otros. Esto refuerza el aislamiento y la dificultad para formar redes de apoyo. Lo que puede llevar a problemas de salud mental, estrés y frustración. Muchos sufren en silencio porque creen que admitir dificultades nos hace menos masculinos.
13. Protege, defiende y controla a las mujeres de tu familia.
Aunque parece un mandato positivo, refuerza la idea de que las mujeres son seres frágiles que necesitan la protección masculina. También establece que la masculinidad está ligada a la capacidad de «defender el honor» de una mujer. Esto, en muchos casos, “justifica” la violencia. Este mandato ha sido usado para validar agresiones hacia otros hombres en nombre del «honor». O incluso para restringir la libertad de las mujeres, como ocurre en el control sobre su vestimenta, amistades o decisiones personales.
14. Debes ser un hombre «de verdad» y no un «niño».

Un «hombre muy hombre…»
La cultura patriarcal es un sistema anclado en la prohibición. Es un reflejo de esto la definición de hombre: “Un hombre no es un niño, no es una mujer y no es un homosexual”.
Desde pequeños, nos han presionado para madurar rápido y asumir responsabilidades que refuercen nuestra virilidad. Expresiones como «compórtate como un hombre» o «deja de actuar como un niño» son expresiones de este mandato. Implícitamente nos indican que la ternura, la ingeniosidad, emocionalidad y diversión son cosas que debemos abandonar. Como resultado, nos sentimos incómodos con nuestra vulnerabilidad o con disfrutar de actividades no consideradas «serias» o «masculinas».
15. No debes permitir que una mujer te domine.
La socialización masculina inculca la idea de que los hombres debemos liderar la relación de pareja. Como consecuencia, debemos evitar que nuestra autoridad sea cuestionada. Esta creencia fomenta la resistencia de algunos hombres a aceptar relaciones equitativas. Y, en situaciones extremas, puede llevar a la violencia de género cuando sentimos que «perdemos el control». Además, genera resistencia a expresar amor y admiración por nuestras parejas por si se percibe como «debilidad».
16. No debes mostrar interés por la crianza y la educación de los hijos.
Este mandato bloquea la posibilidad de construir una paternidad responsable. Históricamente, el patriarcado ha relegado a los hombres al papel de «proveedor» y no de «cuidador». Se espera que trabajemos y traigamos dinero, pero que deleguemos el cuidado de los hijos a las madres. Este mandato limita nuestra posibilidad de formar vínculos cercanos con nuestros hijos. Y refuerza la carga desigual de la crianza. Esto afecta tanto a los padres como a los niños, quienes crecen con figuras paternas emocionalmente distantes.
17. Debes ser agresivo y competitivo en el deporte.
Este es un rol de género tradicional. El deporte representa una herramienta para reforzar la idea de que debemos ser fuertes, agresivos y competitivos. Desde la infancia, nos impulsan a practicar deportes de contacto y castigan por mostrar actitudes de cooperación o sensibilidad. Esta presión hace que internalicemos la idea de que debemos «ganar a toda costa». Esto puede extenderse a otros ámbitos de la vida, como el trabajo o las relaciones interpersonales.
18. Evitemos cualquier comportamiento que parezca «femenino».
El sexismo discrimina a una persona por su sexo, en este caso a la mujer. Por lo tanto, los hombres que muestran comportamientos asociados culturalmente con la feminidad son ridiculizados o rechazados. Estas actitudes y conductas pueden ser usar colores brillantes, disfrutar del arte, hablar con delicadeza o interesarse por la moda.
Esto limita nuestra expresión personal, refuerza la homofobia y la misoginia, ya que enseña que lo femenino es inferior. También impide que los hombres exploremos aspectos de nuestra identidad que podrían hacernos más felices.
19. Debes solucionar los problemas con lógica, no con emociones.
Existe la creencia de que somos «racionales» y no «emocionales». Esto refuerza la idea de que las emociones son irracionales o inútiles. Ignorar las emociones, propias y ajenas, y procurar resolver conflictos sin considerarlas propicia un gran malestar interior. Esta desconexión emocional contribuye a problemas en las relaciones personales y a dificultades para manejar conflictos de manera saludable.
20. Debemos demostrar nuestra valía a través de logros materiales.
El patriarcado mide el éxito masculino en función de la riqueza, los bienes materiales y el estatus social. Se espera que tengamos autos lujosos, casas grandes y posiciones de poder. Aquellos que no logran acumular bienes o alcanzar un alto estatus son vistos como fracasados. Esto genera ansiedad, estrés financiero y baja autoestima. Esta presión también impulsa a muchos hombres a sobrecargarse de trabajo y descuidar su salud y relaciones personales.
Mandatos del patriarcado hacia el hombre, conclusión.
Estos mandatos del patriarcado hacia el hombre, no solo nos afectan individualmente. También estructuran las relaciones de poder en la sociedad. Aunque el patriarcado otorga privilegios a los hombres, también los somete a reglas rígidas que les impiden vivir con libertad y bienestar. La deconstrucción de estos mandatos no busca «debilitar» a los hombres, sino permitirles una vida más plena. Con más opciones para expresar nuestra identidad sin miedo al juicio social.
Hasta el próximo artículo, recibe un cordial saludo,
www.josepguasch.com
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